T-Mobile acaba de vender el primer teléfono con Android. Se llama HTC Dream, aunque en Estados Unidos lo están vendiendo como T-Mobile G1. No es bonito. La pantalla no es tan fluida como el iPhone. Tiene un teclado físico que se desliza como si fuera 2004. Y aun así, es probablemente la cosa más importante que le ha pasado a la industria móvil desde que Jobs sacó el iPhone el año pasado.
¿Por qué? Porque es de Google. Y porque es abierto.
Apple construyó un jardín perfecto con bardas perfectas. Google acaba de abrir un terreno sin bardas y le dijo a cualquier fabricante del planeta: construye aquí, es gratis. HTC ya entró. Motorola está mirando. Samsung está tomando nota. Lo que viene en los próximos años no es un teléfono compitiendo contra otro teléfono — es un ecosistema abierto contra uno cerrado, y esa guerra no la gana nadie rápido.
El G1 de hoy es torpe. Android de hoy es básico. Pero el software mejora. Los fabricantes aprenden. Y cuando el precio de entrada es cero, la escala es inevitable.
Apple va a seguir siendo Apple. Pero por fin tiene un rival que no es Nokia intentándole copiar la tarea.
Esto apenas empieza.
— Golfizta
